Ayer vi una pagina norteamericana interesante sobre el mapa político electoral de los Estados Unidos. Sabrán que ellos utilizan los colores rojo y azul para denominar cuáles estados son los que van a parar al bando republicano (rojos) y los que se adjudican un triunfo demócrata (azul). Pero ellos hicieron un cambio importante, en lugar de poner demócratas y republicanos los han reemplazado por populistas y libertarios, dos "partidos" nuevos. A raíz de esto explican las ideas de los libertarios y de los populistas y hacen un poll (encuesta) para ver a quien votarían según sus ideas.
En cuanto a las cuestiones económicas los libertarios están totalmente en contra de la intervención del Estado en la economía del país. Creen que el progreso económico viene por medio de las acciones de los cuidadanos y no por el accionar gubernamental. Están totalmente en contra de los subsidios a la producción, ya sea a la industria, al sector agropecuario y al sector terciario; también se oponen a las asignaciones familiares y quieren eliminar por completo el llamado "estado de bienestar". Creen que la educación y la salud deben estar en manos privadas y que las únicas funciones del estado son la justicia, la seguridad (interna y externa) y las relaciones exteriores. Con respecto a las cuestiones impositivas, los libertarios sostienen que deben reducirse a su mínima expresión y varios deben ser eliminados ya que son distorsivos para la economía.
Los populistas, en cambio, están a favor de la intervención estatal en la economía. Piesnan que los subsidios son importantes para fomentar la producción, no están en contra de las asignaciones familiares y piensan que el estado de bienestar es vital para la contención social (reducción de la brecha entre ricos y pobres). También son defensores de la educación y la salud pública y sostienen que los impuestos son importantes ya que cumplen una función distributiva. Para los populistas los altos impuestos no son malos si sirven para equilibrar las diferencias sociales.
Con respecto a las cuestiones sociales, los libertarios son partidarios de la filosofía del vivir y dejar vivir, traducida en no limitar nunca la libertad del individuo siempre y cuando el uso de su libertad no afecte a los derechos de terceros. Están a favor de las uniiones civiles entre homosexuales, también sostienen que se deben legalizar todas las drogas ilegales ya que se acabaría el narcotráfico y la corrupción derivada del mismo, se oponen a los límites horarios para vender alcohol a mayores de 18 años como así también a las leyes antitabaco en lugares cerrados ya que afirman que los dueños del local son los que deben establecer las reglas (el dueño decide si se puede fumar o no dentro de su local, no es asunto dle estado), también están completamente a favor de la libertad para portar armas; por último, creen que la moral es algo completamente individual, no es asunto del estado y la familia debe ser la encargada de enseñar los valores morales.
Los populistas en estas cuestiones son más rígidos, estan totalmente en contra de las uniones civiles entre homosexuales, creen que no se deben legalizar las drogas y que se debe hacer mas efectiva la Guerra contra las Drogas, además, están a favor de los límites horarios a la venta de bebidas alcoholicas y ven con agrado las leyes antitabaco; por otro lado, si bien no están completamente en contra de la portación de armas, piesan que las leyes regulatorias sobre la tenencia de armas son efectivas y creen que el estado a traves de la escuela es vital para establecer los valores morales de una nación.
En el ámbito religioso, ambos están de acuerdo con la libertad de cultos pero los libertarios sostienen que no debe existir una religión oficial en el país. Si un país tiene una religión que es la mayoritaria se debe a que es por la libre elección religiosa de sus habitantes.
En cambio, los populistas piensan que la religión mayoritaria debe ser una especie de religión de Estado por más que exista la libertad religiosa.
En el tema de la suguridad, los libertarios sostienen que la libertad y la seguridad son complementarias no antagónicas, por lo tanto, cuando en búsqueda de seguridad se sacrifica la libertad se termina sin seguridad y sin libertad. Están a favor del control distrital de la policía para que cada municipio y cada distrito pueda manejar su propia policía independientemente del gobierno central o nacional. Piesnan que en lugar de desplazar miles de policías e instalar cámaras en las calles, se debe tener una policía pequeña pero muy equipada y efectiva. Además, están totalmente en contra de que el gobierno revise los mails y las llamadas telefónicas de los individuos porque consideran que son cuestiones vitales de intimidad personal.
Los populistas si están a favor de limitar ciertas libertades en búsqueda de mayor seguridad, creen que se deben desplazar más efectivos policiales en las calles y que las cámaras de seguridad son efectivas para prevenir el delito. Por otro lado, están a favor de que los gobiernos revisen llamadas telefónicas o mails si eso contribuye a mejorar la seguridad de los cuidadanos.
Política exterior: Los libertarios, si bien en principio no están en contra de la ruptura de relaciones diplomáticas y consulares, condenan los regímenes que violan los derechos individuales (independientemente de su color político). Están totalmente a favor de los tratados de libre comercio y pujan por la eliminación de todo tipo de aranceles y barreras arancelarias. Privilegian el comercio sobre la guerra. Para ellos la guerra solo es justificable cuando se trata de una situación de legítima defensa, caso contrario se oponen a todo tipo de guerras.
Los populistas sostienen que mantener buenas relaciones con regímenes autoritarios puede ser necesario si ayuda a fortalecer los intereses de la nación, en este sentido, se abstienen de condenar per se a este tipo de regímenes. En cuanto al comercio exterior tienen una visión nacionalista, están a favor del libre comercio si y solo sí no perjudique a la industria o al sector agropecuario, caso contrario se oponen al mismo. Están a favor de las guerras si benefician al estado nacional, más allá de quien haya comenzado el conflicto.
Por último, nos queda el tema de la inmigración. Los libertarios están totalmente a favor de la inmigración, aunque sostienen que se debe dar la legalización de aquellos inmigrantes que están establecidos en forma ilegal dentro del mismo, estan en contra de todo tipo de trabas a la inmigración.
Los populistas no son muy amigos de la inmigración aunque no sean contrarios en principio, sostienen que los inmigrantes deben abandonar sus creencias nativas si quieren establecerse en el país receptor y no ven con agrado la legalización de los inmigrantes ilegales sino que piensan que deben ser expulsados a sus países de origen. Están a favor de las leyes rígidas y de todo tipo de trabas posibles a la inmigración.
Estas son las propuestas libertarias (que bien por estos lares pueden ser llamadas liberales) y populistas.
Cuales piensas que son más representativas para el paensamiento promedio argentino. Yo tengo una idea aproximada...
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viernes, 4 de diciembre de 2009
sábado, 25 de abril de 2009
El macrismo y la Constitución peronista de 1949
Me entero por un post visto en BlogBis, que en facebook se conmemoró el 60 aniversario de la constitución de 1949.
La apertura de la jornada la abrió el macrista Diego Santilli. No es de extrañar que los liberales "idealistas" o libertarios teníamos razón cuando nos reservamos muy bien sobre el contenido (bah, si es que tiene) del macrismo.
Además del desastre hecho en Capital Federal aumentando impuestos cuando en campaña dijo que se tenían que bajar, el mantenimiento del canal Cuidad Abierta que dijo que iba a cerrar y miles de cosas más. Ahora venimos a encontrarnos esto, la adulación a la constitución que plasmó en la Argentina la famosa frase "cada necesidad es un derecho", haciendo pelota toda la idea de libertad individual de la constitución alberdiana de 1853.
Grande Macri.
La apertura de la jornada la abrió el macrista Diego Santilli. No es de extrañar que los liberales "idealistas" o libertarios teníamos razón cuando nos reservamos muy bien sobre el contenido (bah, si es que tiene) del macrismo.
Además del desastre hecho en Capital Federal aumentando impuestos cuando en campaña dijo que se tenían que bajar, el mantenimiento del canal Cuidad Abierta que dijo que iba a cerrar y miles de cosas más. Ahora venimos a encontrarnos esto, la adulación a la constitución que plasmó en la Argentina la famosa frase "cada necesidad es un derecho", haciendo pelota toda la idea de libertad individual de la constitución alberdiana de 1853.
Grande Macri.
jueves, 23 de octubre de 2008
El populismo divide
Gran artículo de Dick Morris en Rasmussen reports llamado "The populism divide" (El populismo divide).
As the election enters its last two weeks, social populism wars with economic populism to become the major outlet for American anger and angst and to satisfy the demand for change. In his book The Populist Persuasion, Michael Kazin articulates the difference between these two types of populism: economic and social.
Economic populism, the staple of the Democratic left, demonizes Wall Street and glorifies Main Street. It rails against unequal distribution of wealth and warns, perpetually, that the rich are getting richer and the poor are getting poorer. From Andrew Jackson’s frontier democracy to Lyndon Johnson’s War on Poverty, economic populism has powered the left.
Social populism, the conservative reply, attacks the values of Hollywood and the intellectual elite. It criticizes the welfare state and opposes a redistribution of wealth from the hardworking and deserving to what it sees as the freeloaders. More recent in origin, social populism has its roots in abolitionism and Prohibitionism and achieved its modern form in Richard Nixon’s silent majority, Jerry Falwell’s and Pat Robertson’s Christian Coalition and Ronald Reagan’s new right-wing majority. Within the Republican Party, social populists oppose the country-club wing and emphasize social conservatism over economic austerity.
In recent years, both forms of populism have been in remission. Clinton’s policies of triangulation and Bush’s lack of focus on domestic issues have steered both parties away from either economic- or social-populist impulses.
But the Obama campaign has been, from the beginning, grounded in economic populism. His explicit attack on the Bush tax cuts “for the rich” and his promise to make them “pay a little bit more” resonated with economic-populist voters. When the Wall Street crisis hit and top executives fled failing companies, taking hundreds of millions of dollars with them, the economic populists powered Obama to a nine-to-10-point lead in the polls.
But meanwhile, social populism was making a comeback on the right. Initially galvanized by Mike Huckabee, the social populists went wild when McCain chose Sarah Palin for vice president. Palin’s life story epitomized the values of social populists. Her opposition to abortion, her mothering of a special-needs child, her backing for guns and her robust crusade for energy sources brought mainstream Republican values to the McCain ticket. If McCain wins this election, which he might well, it will have been the social populism of Sarah Palin that engineered much of his comeback.
When the financial crisis broke, McCain and Palin attacked corporate greed and called for restoring values on Wall Street. But their critique seemed merely a faint echo of the outrage of the left’s economic populists.
Then came Obama’s conversation with Joe the Plumber, possibly the decisive moment in the election. His blunt, blue-collar criticism of Obama’s proposal to “spread the wealth around” found immediate resonance among social populists. Where economic populists want to take from the undeserving, overfed rich and give to the needy poor, social populists decry taking from hardworking, thrifty citizens and giving to illegal immigrants and the self-indulgent lazy.
At last, the McCain camp has something to say. Finally, it has, in McCain’s phrase, “nailed Jell-O to the wall” and found a way to attack Obama’s tax plans and support for social engineering and income redistribution.
It is true that the richest Americans are getting richer a lot faster than the rest of the country. The top 10 percent experienced a real (after inflation) income growth of almost 50 percent in this decade. The rest of America saw its income rise, but by less than 5 percent after inflation.
But it wasn’t Bush tax cuts that fueled the growing inequality. The top 1 percent of American taxpayers now pay 40 percent of the taxes (compared with 33 percent in 2003 and 24 percent in 1986).
Obama’s proposed increase in taxes on the rich will kill the economy and send us into a deeper depression.
But Clintonian policies like expanding the earned income tax credit, stretching out eligibility for food stamps and Medicaid, and funding college scholarships can make a huge difference. How will we pay for them? By keeping taxes on the rich at their current levels and using growing tax revenues to pay to promote downward irrigation of wealth.
Politically, the unalloyed triumph of economic populism is at an end. Social populism is back in play. And may the best populism win.
As the election enters its last two weeks, social populism wars with economic populism to become the major outlet for American anger and angst and to satisfy the demand for change. In his book The Populist Persuasion, Michael Kazin articulates the difference between these two types of populism: economic and social.
Economic populism, the staple of the Democratic left, demonizes Wall Street and glorifies Main Street. It rails against unequal distribution of wealth and warns, perpetually, that the rich are getting richer and the poor are getting poorer. From Andrew Jackson’s frontier democracy to Lyndon Johnson’s War on Poverty, economic populism has powered the left.
Social populism, the conservative reply, attacks the values of Hollywood and the intellectual elite. It criticizes the welfare state and opposes a redistribution of wealth from the hardworking and deserving to what it sees as the freeloaders. More recent in origin, social populism has its roots in abolitionism and Prohibitionism and achieved its modern form in Richard Nixon’s silent majority, Jerry Falwell’s and Pat Robertson’s Christian Coalition and Ronald Reagan’s new right-wing majority. Within the Republican Party, social populists oppose the country-club wing and emphasize social conservatism over economic austerity.
In recent years, both forms of populism have been in remission. Clinton’s policies of triangulation and Bush’s lack of focus on domestic issues have steered both parties away from either economic- or social-populist impulses.
But the Obama campaign has been, from the beginning, grounded in economic populism. His explicit attack on the Bush tax cuts “for the rich” and his promise to make them “pay a little bit more” resonated with economic-populist voters. When the Wall Street crisis hit and top executives fled failing companies, taking hundreds of millions of dollars with them, the economic populists powered Obama to a nine-to-10-point lead in the polls.
But meanwhile, social populism was making a comeback on the right. Initially galvanized by Mike Huckabee, the social populists went wild when McCain chose Sarah Palin for vice president. Palin’s life story epitomized the values of social populists. Her opposition to abortion, her mothering of a special-needs child, her backing for guns and her robust crusade for energy sources brought mainstream Republican values to the McCain ticket. If McCain wins this election, which he might well, it will have been the social populism of Sarah Palin that engineered much of his comeback.
When the financial crisis broke, McCain and Palin attacked corporate greed and called for restoring values on Wall Street. But their critique seemed merely a faint echo of the outrage of the left’s economic populists.
Then came Obama’s conversation with Joe the Plumber, possibly the decisive moment in the election. His blunt, blue-collar criticism of Obama’s proposal to “spread the wealth around” found immediate resonance among social populists. Where economic populists want to take from the undeserving, overfed rich and give to the needy poor, social populists decry taking from hardworking, thrifty citizens and giving to illegal immigrants and the self-indulgent lazy.
At last, the McCain camp has something to say. Finally, it has, in McCain’s phrase, “nailed Jell-O to the wall” and found a way to attack Obama’s tax plans and support for social engineering and income redistribution.
It is true that the richest Americans are getting richer a lot faster than the rest of the country. The top 10 percent experienced a real (after inflation) income growth of almost 50 percent in this decade. The rest of America saw its income rise, but by less than 5 percent after inflation.
But it wasn’t Bush tax cuts that fueled the growing inequality. The top 1 percent of American taxpayers now pay 40 percent of the taxes (compared with 33 percent in 2003 and 24 percent in 1986).
Obama’s proposed increase in taxes on the rich will kill the economy and send us into a deeper depression.
But Clintonian policies like expanding the earned income tax credit, stretching out eligibility for food stamps and Medicaid, and funding college scholarships can make a huge difference. How will we pay for them? By keeping taxes on the rich at their current levels and using growing tax revenues to pay to promote downward irrigation of wealth.
Politically, the unalloyed triumph of economic populism is at an end. Social populism is back in play. And may the best populism win.
sábado, 11 de octubre de 2008
Palin y el populismo anti-intelectual
Mucho se habla acerca de la carismática candidata a vicepresidente por el Partido Republicano en EEUU.
Sin emgargo, no pocos hacen referencia a un punto particular de esta mujer que es una característica del movimiento neoconservador norteamericano: El populismo anti-intelectual o anti-elitista.
Varias veces dije en este blog que el populismo es malo para una sociedad, y el caso norteamericano también lo refleja. Los populistas destilan un odio tremendo contra los que ellos llaman los "elitistas" de la Costa Este (y oeste también), básicamente es un odio contra los que llaman intelectuales, muchos de ellos universitarios, a los que llaman "anti-norteamericanos".
Es cierto que varios de los llamados intelectuales tienen una visión más cercana a la europea que a la norteamericana de ver las cosas y que la gran mayoría de ellos prefiere tener un Estado similar al de los países europeos. Pero eso es una visión propia de cada uno y no los hace más o menos "anti-americanos".
Por otro lado, me hago constantemente una pregunta: ¿Representan los neoconservadores y su fuerte populismo antiintelectual (del cual Palin es una fiel exponente) los valores clásicos del partido republicano?.
Mi respuesta es no. El partido republicano nació de la mano de Lincoln, un abolicionista y progresisita, pasando por Teddy Roosevelt, Hoover y Eisenhower. El Partido Republicano, hasta que lo agarraran los neoconservadores, representó siempre el ala moderada del país, siendo liberales o libertarios (como quieran llamarle) en economía y progresistas en cuestiones sociales. Tal es así que estos republicanos que yo los llamaría clásicos o moderados (los verdaderos republicanos), son desprestigiados por los conservadores y por los ultrarreligiosos que los llaman RINO (republicanos solo de nombre en inglés). O sea, desprestigian a los moderados que son los que más representan la ideología clásica del partido.
El partido demócrata siempre fué el partido populista, racista y anti-intelectual, pero hoy en día el populismo y el anti-intelectualismo se apoderaron del partido republciano. Tal es así que el canidato presidencial, John McCain (moderado) era detestado por la base conservadora (fundamentalista de la religión) y lo obligaron a poner a Palin (representante del populismo religioso anti-elitista).
Mi conclusión en que así como los demócratas fueron captados por un ala izquierda peligrosa, los republicanos fueron captados por el ala ultraconservadora teológica que no representa lso principios fundacionales del partido. Y Palin representa fielmente esta visión polarizante y populista.
Les recuerdo a los nuevos teorepublicanos que el populismo anti-intelectual causó muchísimo más daño que los gobiernos "elitistas" u "oligarquicos".
Sin emgargo, no pocos hacen referencia a un punto particular de esta mujer que es una característica del movimiento neoconservador norteamericano: El populismo anti-intelectual o anti-elitista.
Varias veces dije en este blog que el populismo es malo para una sociedad, y el caso norteamericano también lo refleja. Los populistas destilan un odio tremendo contra los que ellos llaman los "elitistas" de la Costa Este (y oeste también), básicamente es un odio contra los que llaman intelectuales, muchos de ellos universitarios, a los que llaman "anti-norteamericanos".
Es cierto que varios de los llamados intelectuales tienen una visión más cercana a la europea que a la norteamericana de ver las cosas y que la gran mayoría de ellos prefiere tener un Estado similar al de los países europeos. Pero eso es una visión propia de cada uno y no los hace más o menos "anti-americanos".
Por otro lado, me hago constantemente una pregunta: ¿Representan los neoconservadores y su fuerte populismo antiintelectual (del cual Palin es una fiel exponente) los valores clásicos del partido republicano?.
Mi respuesta es no. El partido republicano nació de la mano de Lincoln, un abolicionista y progresisita, pasando por Teddy Roosevelt, Hoover y Eisenhower. El Partido Republicano, hasta que lo agarraran los neoconservadores, representó siempre el ala moderada del país, siendo liberales o libertarios (como quieran llamarle) en economía y progresistas en cuestiones sociales. Tal es así que estos republicanos que yo los llamaría clásicos o moderados (los verdaderos republicanos), son desprestigiados por los conservadores y por los ultrarreligiosos que los llaman RINO (republicanos solo de nombre en inglés). O sea, desprestigian a los moderados que son los que más representan la ideología clásica del partido.
El partido demócrata siempre fué el partido populista, racista y anti-intelectual, pero hoy en día el populismo y el anti-intelectualismo se apoderaron del partido republciano. Tal es así que el canidato presidencial, John McCain (moderado) era detestado por la base conservadora (fundamentalista de la religión) y lo obligaron a poner a Palin (representante del populismo religioso anti-elitista).
Mi conclusión en que así como los demócratas fueron captados por un ala izquierda peligrosa, los republicanos fueron captados por el ala ultraconservadora teológica que no representa lso principios fundacionales del partido. Y Palin representa fielmente esta visión polarizante y populista.
Les recuerdo a los nuevos teorepublicanos que el populismo anti-intelectual causó muchísimo más daño que los gobiernos "elitistas" u "oligarquicos".
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